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Calle del Amparo

Calle del AmparoLa calle Tribulete cruza la calle de El Amparo, que el paseante puede contemplar sin moverse de este lugar, recorrida por el fundador del Opus Dei en sus afanes sacerdotales.

Siguiendo por la calle Tribulete se llega a la Plaza de Lavapiés.

Tanto esta Plaza, como las calles que la rodean, aparecen con idénticas denominaciones en el plano de Teixeira del siglo XVII. Estas edificaciones conservan el gusto popular y el sabor de la época: casas de ladrillo visto, con numerosos balcones, protegidos del sol por grandes persianas. Con frecuencia en el balcón hay macetas con geranios y jaulas para pájaros.

Este barrio, habitado ahora por personas de diversas razas, gracias a la llegada de emigrantes americanos, asiáticos y africanos, fue durante siglos uno de los barrios más castizos de la capital, como recordaba la antigua coplilla: Una maja de rumbo/ vale por tres/ si ha nacido en el barrio/ de Lavapiés.

El Fundador dedicó muchos años de su juventud a la atención pastoral de las gentes de estos barrios madrileños, donde había tanta indigencia material y espiritual. Años después, recordaba que había pasado horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas agradables a Dios.

¡Qué indignación siente mi alma de sacerdote, cuando dicen ahora que los niños no deben confesarse mientras son pequeños! ¡No es verdad! Tienen que hacer su confesión personal, auricular y secreta, como los demás. ¡Y qué bien, qué alegría! Fueron muchas horas en aquella labor, pero siento que no hayan sido más. (Citado por Vázquez de Prada, Meditación del 19-III-1975)

 

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