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San Josemaría en Madrid
Calle Sombrerería

Calle SombrereríaEl paseante continúa bajando por la calle Valencia llegará a la esquina de esta calle con la calle Sombrerería.

Aquí estuvo también el fundador atendiendo a enfermos y rogándoles que ofrecieran esos dolores, sus horas de cama, su soledad -algunos estaban muy solos-: que ofrecieran al Señor todo aquello por la labor que hacíamos.

Desde la calle Valencia el paseante tuerce a su izquierda para empezar a subir por la calle del Salitre, donde san Josemaría atendió el 28 de febrero de 1929 a un hombre, Julián Rodríguez, que vivía en el número 30.

Recorriendo esta calle del Salitre hasta el final, cuesta arriba, llegará hasta la calle Santa Isabel, donde está el colegio de Santa Isabel.

 
Iglesia de Santa Isabel

Iglesia de Santa IsabelContigua al Convento, está la iglesia de Santa Isabel, construida en 1565. Este templo albergó numerosas obras de arte. Muchas fueron destruidas en 1936. Sobre la puerta de la iglesia hay un escudo en piedra que recuerda el Patronazgo real de estos edificios.

San Josemaría celebró Misa por primera vez en esta iglesia el 21 de septiembre de 1931. Escribió en sus Apuntes:

Día de San Mateo— 1931: He celebrado por vez primera la Santa Misa en Santa Isabel. Para toda la gloria de Dios.

El 16 de febrero de 1932 san Josemaría anotó un hecho que tuvo particular resonancia en su vida espiritual: “Después de dar la sagrada Comunión a las monjas, antes de la Santa Misa, le dije a Jesús [...] “te amo más que éstas”. Inmediatamente entendí sin palabras: “obras son amores y no buenas razones”.

Escribe Vázquez de Prada:

"Y una mañana, después de decir misa, al terminar la acción de gracias, escribió de una sentada, junto al presbiterio, en la sacristía de Santa Isabel, el Santo Rosario. No sabemos con certeza qué día de la novena; pero sí que la víspera de la fiesta de la Inmaculada, 7 de diciembre, estaba leyendo en Santa Isabel a dos jóvenes el modo de rezar el rosario, pues esa fue la intención con que lo escribió: ayudar a otros a rezarlo.

Más tarde, cuando hizo el prólogo, cuenta al lector el secreto de ese camino de infancia espiritual:

Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños.

[...] Hazte pequeño. Ven conmigo y —éste es el nervio de mi confidencia— viviremos la vida de Jesús, María y José

Así, suavemente, se introduce al lector en escena:

No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración.

Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... —Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena:

El Arcángel dice su embajada.

De la presentación de "Santo Rosario" son también estas líneas:

El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima."

Escalinatas de la iglesia de Santa IsabelJuan el lechero

En las gradas de esta iglesia de Santa Isabel solía saludar, llevando en la mano las últimas cántaras de leche que había vendido (como las de la fotografía) todas las mañanas un hombre joven, coherente en su vida cristiana. Era “Juan, el lechero”, al que san Josemaría evocó en algunos de sus escritos.

Este repartidor de leche era un hombre despierto, de gran piedad eucarística, muy querido en el barrio, muy simpático, con una pequeña trabazón a la hora de hablar, que venía desde el Puente de Vallecas y saludaba todos los días al Señor desde este lugar diciéndole: “Jesús, aquí está Juan el lechero”.
 
En 1932 este hombre -del que se desconocen más datos, salvo que falleció hacia 1941- estaba soltero y rondaba los treinta años. La gente del barrio le recordaba como un hombre de buen carácter, que piropeaba a las chicas y aguantaba con paciencia las bromas de la chiquillería. A veces les regalaba a los niños unos huevos pequeños, que llamaban de "gallina enana",

Juan venía todos los días desde el Puente de Vallecas, con su mulo cargado con dos cántaras de leche y una manta para la lluvia. Recorría, vendiendo leche a las parroquianas -como recuerda una de ellas, Francisca Amelia- las calles de El Salitre, La Fe, Esperanza, Tres Peces, Torrecilla del Leal y la Magdalena. Allí dejaba su mulo, en el pasaje Doré, y en la Plazuela de Antón Martín entraba a rezar a la Virgen de la Milagrosa en la iglesia de El Salvador y San Nicolás.

Terminaba su recorrido bajando por la calle de Santa Isabel. Se acercaba al convento y dejaba en el torno del convento una cantarilla pequeña de leche de tres o cuatro litros. Le devolvían la cantarilla del día anterior, vacía. De vuelta, saludaba al Señor en el Sagrario, desde la puerta, con sus cántaras vacias, con el estruendo consiguiente, que escuchaba san Josemaría desde el confesonario, que estaba muy cercano a la puerta.


Interior de la iglesia de Santa IsabelCuenta Ana Sastre:

"Durante varios días, y mientras ocupa el confesonario de Santa Isabel, oye la puerta de la iglesia que se abre con estrépito y un ruido como de cántaros metálicos.

Por fin, decide averiguar la causa. Se sitúa junto a la puerta, por dentro de la iglesia. Al oír el primer golpe sale y encuentra un lechero que viene con sus cántaros.

-«Pero, tú, ¿qué haces?»

-«Yo, Padre..., vengo cada mañana, abro -no entro con más delicadeza porque no sé; por eso meto este ruido-, y le saludo: Jesús, aquí está Juan el lechero».

Y le parece una oración tan formidable que pasa el día repitiéndola como una jaculatoria: «Señor, aquí está este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero».

Santa Isabel en los años de la preguerra y de la contienda

Esta iglesia de Santa Isabel sufrió mucho con los avatares de la preguerra y de la guerra civil española.

“Siguen los incendios —escribió el Fundador el 11 de marzo de 1936— Esta mañana, mientras celebraba la Santa Misa en Santa Isabel, de orden superior les recogieron las carabinas a los guardias...Yo, de acuerdo con las religiosas, consumí un copón casi lleno de formas. –No sé si pasará algo. Señor: basta de sacrilegios”. (Vázquez de Prada, 579)

Seguía anotando, días después, el 25 de marzo de 1936 en sus Apuntes íntimos:

El día 13 intentaron asaltar Santa Isabel. Destrozaron unas puertas. De modo providencial, se quedó la chusma sin gasolina, y no pudieron incendiar más que un poco la puerta exterior de la iglesia, porque huyeron ante una pareja de guardias. (Vázquez de Prada, 579)

A comienzos de la guerra civil, en julio de 1936, el templo de Santa Isabel fue incendiado. El día anteriro Francisca Amelia presenció como saqueaban los objetos litúrgicos y los cuadros. El clima que se respiraba era muy anticristiano. De hecho, algunas chicas del barrio le decían a Juan el Lechero: "cuidado Juanito, que te ven entrar y salir de las iglesias y te van a matar". "No me importa" -respondía. "No tenía miedo -comenta Francisca Amelia-. Tenía fe".

 
Catedral de la Almudena

Catedral de la AlmudenaEsta catedral cuenta con una larga historia. En 1663, reinando Felipe IV, se puso la primera piedra. Dos siglos más tarde, a finales del XIX, el rey Alfonso XII encargó este proyecto al Marqués de Cubas con el deseo de que se enterrara allí a su primera esposa, fallecida prematuramente, Mercedes de Orleans.

Un siglo después, en 1907, bastantes años después de la muerte del monarca, se levantó la cripta de la futura catedral, cuando ya reinaba su hijo Alfonso XIII. El proyecto quedó interrumpido durante la mitad del siglo XX. En 1950 se construyeron algunos muros. y quedó paralizado de nuevo hasta finales de siglo.

El 15 de junio de 1993 el Papa Juan Pablo II consagró esta catedral.

Mercedes de Orleans fue enterrada por fin en esta catedral, bajo la Virgen de la Almudena, en noviembre del año 2000.

Interior de la catedral de la AlmudenaComenzando la visita a la Catedral desde la puerta de entrada, en dirección al Altar Mayor, el paseante se encuentra, a la izquierda, con varios confesionarios y una capilla con una talla de Cristo atado a la Columna y un mosaico de la Virgen de la Paloma.

Le sigue la capilla de Santa Ángela de Jesús, Fundadora de la Compañía de la Cruz.

Viene luego la Capilla de la Virgen de la Medalla Milagrosa, con una imagen de la Virgen y otras dos de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.

La siguiente capilla está erigida en honor de Santa Maravillas de Jesús, Carmelita descalza. En la siguiente capilla, promovida por el Camino Neocatecumenal, se contempla la Anunciación de la Virgen María.

Antes de recorrer la girola, puede admirarse un hermoso retablo, obra de Berruguete y de su escuela. La primera capilla de la girola está dedicada a Nuestra Señora de la Vida Mística. Le sigue una capilla con la estatua de Santa María Micaela.

En el centro de la girola está la capilla en la que se custodia el arca de madera recubierta de cuero, con pinturas góticas. que contuvo los restos de San Isidro, junto con una imagen del Santo Labrador y de su esposa, Santa María de la Cabeza.

El Patrón de Madrid nació en Madrid hacia 1080, de una familia cristiana mozárabe. Le bautizaron Isidoro en recuerdo de San Isidoro de Sevilla. Trabajó como pocero y labrador. En Torrelaguna conoció a María de la Cabeza, su mujer. Cuando el matrimonio regresó a Madrid trabajó como labrador a las órdenes de Iván de Vargas. Tuvieron un hijo, Illán. Falleció el 30 de septiembre de 1172.

Le sigue, ya en el lado derecho, la capilla dedicada a la Beata Mariana de Jesús, Mercedaria Descalza.

Capilla de san JosemaríaLa siguiente capilla está dedicada a san Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei. El escultor de la imagen y los altorrelieves, Venancio Blanco, explicaba: "No conocí personalmente al Padre, pero tuve oportunidad de profundizar en su persona y en su obra a través del proyecto escultórico que se me encargó con destino a la capilla a él dedicada en la Catedral de la Almudena de Madrid. Cuando se me propuso, fui consciente de la dificultad y la responsabilidad que ello entrañaba.

Fundida en bronce, la pieza ocupa el centro de la Capilla. He pretendido reflejar en ella los profundos valores que el beato Josemaría encarnó en su vida, así como su gran humanidad y honda espiritualidad (...). He querido destacar la postura de las manos, que adelanta hacia el que llega, ofreciéndole su abrazo entrañable. Es un gesto cordial, que invita y anima al mismo tiempo a acercarse a Dios.

El Beato Josemaría entendía la libertad como el mejor camino para servir a Dios, y con ella consiguió cuanto se propuso realizar. También el arte necesita de la libertad para encontrar la grandeza de un lenguaje que nace del sentimiento y que nos sirve igualmente para descubrir al Creador.

He intentado, en fin, que la figura del Padre y la dimensión de su Obra quedasen reflejadas desde el lenguaje escultórico.

Y con ello, plasmar la memoria de un hombre que nos dejó como ejemplo la forma de gastar generosamente una vida en la tierra, cuando se cree en el Cielo".

San Josemaría Escrivá 

 
Iglesia de San Sebastián

Iglesia de San SebastiánRetornando de nuevo a la plaza de Antón Martín y subiendo por la calle de Atocha, por la acera de la derecha, se llega hasta la iglesia de San Sebastián.

En esta iglesia estuvo enterrado Lope de Vega. Un letrero en el atrio indica algunos personajes famosos que se casaron en este templo, como Larra, Madrazo, Zorrilla, Bécquer...

En su registro de defunciones figuran los nombres de Cervantes, Lope de Vega, Ruiz de Alarcón, Ventura Rodríguez.

La iglesia, destruida en 1936, fue reconstruida en los años cincuenta del siglo XX.

 
Edificio del Patronato de Santa Isabel

Contiguo a la iglesia de Santa Isabel, en el nº 48, se encuentra el edificio del Patronato de Santa Isabel del que san Josemaría fue capellán desde el 21 de septiembre de 1931 hasta diciembre de 1934, y Rector desde esa fecha hasta 1946.

Josemaría, Santiago y Carmen EscriváEn el 1º y 2º piso de este Patronato -que no está abierto al público ni es visitable- residió con su madre, Dolores Albás y sus hermanos Carmen y Santiago desde el verano de 1934 hasta febrero de 1936. Fue el séptimo domicilio del Fundador en esta ciudad.

En los primeros meses de 1936, cuando reinaba en Madrid un gran desorden social, con numerosos alborotos y ataques a sacerdotes, doña Dolores Albás solía esperar a su hijo Josemaría por las noches mirando con inquietud desde una de las ventanas de esta casa rectoral.

Ventanas de la Casa Rectoral de Santa IsabelLa inquietud de doña Dolores estaba justificada, porque durante ese tiempo previo a la guerra civil un sacerdote corría peligro por el mero hecho de serlo.

Esta casa fue también la primera residencia del fundador desde el 29 de marzo de 1939, cuando regresó a Madrid, a punto de finalizar la guerra civil.

Al ministerio sacerdotal del fundador en este Patronato de Santa Isabel está ligada estrechamente la historia de la labor con mujeres del Opus Dei. En la actualidad es un recinto privado, y por lo tanto, no visitable. Al igual le sucede a la Iglesia, que cuenta con un horario muy preciso para el culto.

 

 
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