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San Josemaría en Madrid
Plaza Mayor

Plaza MayorDesde la Plaza de Herradores, saliendo a la Plaza del Comandante las Morenas, se llega hasta la Cava de San Miguel, desde la que se ve el Mercado de San Miguel, donde estuvo la iglesia de San Miguel de los Octoes, en la que fue bautizado Lope de Vega, nacido en el nº 48 de la calle Mayor.

Desde esta Cava arranca, a la izquierda, la calle de Ciudad Rodrigo.

La Plaza Mayor está presidida por un monumento ecuestre de Felipe III, obra del escultor flamenco Juan de Colonia. Este mismo rey fue el que ordenó la construcción de esta Plaza en el mismo lugar en que estaba la plaza medieval del Arrabal, donde comerciaban pacíficamente judíos, moros y cristianos. En la construcción de esta plaza intervinieron Juan de Herrera, Juan Gómez de Mora y por último, Juan de Villanueva.
 

Esta Plaza ha sobrevivido a tres incendios devastadores, ocurridos en los años 1631, 1672 y 1790. Se han celebrado en ella, a lo largo de los siglos, todo tipo de actos religiosos, políticos y culturales. Aquí tuvieron lugar, por ejemplo, las fiestas por la canonización de San Isidro, los autos de fe de la Inquisición y un buen número de corridas de toros (la última corrida se celebró en 1847, con motivo de la boda de Isabel II).

Esta Plaza se ha llamado de muy diversos modos. Se llamaba Plaza del Arrabal —como explica María Isabel Gea— hasta que en 1812 se le cambió el nombre por Plaza de la Constitución. En 1815, pasó a ser Plaza Real.

En 1820, de nuevo, Plaza de la Constitución. En 1823, otra vez Plaza Real. En 1833, Plaza de la Constitución. En 1873, Plaza de la República. Dos meses más tarde, Plaza de la República Federal. En 1874, otra vez Plaza de la Constitución... aunque siempre se le ha llamado por su nombre popular, Plaza Mayor, que proviene de 1532.

En los años 30, cuando la conoció san Josemaría, esta Plaza estaba ajardinada. Cerca de los soportales se encontraban numerosos autobuses de línea, que llevaban a pueblos como Brea y Villamanrique. La estatua del rey estaba protegida con una verja, y había dos fuentes a cada lado de la estatua, con bancos, kioscos y palmeras. Tiempo después recobró su aspecto castellano, más sobrio.

En la Plaza Mayor se puede contemplar, a la izquierda, la restaurada Casa de la Panadería, cuya fachadas se ha decorado recientemente con pinturas coloristas.

Se sale de la Calle Mayor por la esquina de la derecha, bajo los soportales, que conducen hasta el Arco de Cuchilleros. El paseante baja por las escalinatas.

El nombre de este arco alude al gremio de artesanos cuchilleros y espaderos, que trabajaba en esta zona. La escalinata bajo el arco, trazada por Juan Gómez de Mora, forma uno de los conjuntos arquitectónicos más conocidos del Madrid castizo. El paseante encuentra aquí la evocación de uno de los personajes populares más famosos de la Villa: el bandolero “Luis Candelas”, ejecutado a garrote vil en 1832.

Bajando desde la calle Cuchilleros, torciendo a la derecha por la calle Maestro Villa, se llega hasta la Plaza del Conde de Barajas. En esta plaza suelen reunirse los sábados por la mañana, bajo los árboles, pintores y vendedores de óleos y acuarelas.

 
A lo largo de la calle Fúcar

El paseante cruza la calle de Atocha, tuerce a la izquierda y comienza a caminar hacia arriba. Se encuentra primero con el arranque de la calle de San Pedro, y subiendo por la acera de la calle Atocha encuentra el arranque de la calle del Fúcar

La calle del Fúcar (hispanización fonética de Fugger apellido de unos famosos banqueros alemanes) es un ejemplo de lo que se denomina el “Madrid galdosiano”: edificios modestos, de cuatro y cinco pisos, con fachadas de ladrillo y balcones sencillos. Fueron construidos en su mayoría durante el siglo XVIII y XIX.

El caminante recorre esta calle del Fúcar, y va dejando, a la derecha de esta calle, la calle Almadén primero y la calle del Gobernador después, hasta encontrase con la esquina de la calle de la Verónica.

Casa Central de las Conferencias de San VicenteRecuerda Manuel Pérez Sánchez que, en su juventud, Álvaro del Portillo participaba en unas reuniones de carácter caritativo con otros estudiantes los sábados por la tarde en la Casa Central de las Conferencias de San Vicente, en esta calle de la Verónica.

“En esas reuniones —cuenta Pérez Sánchez— hacíamos un rato de lectura espiritual y, a continuación, exponíamos los resultados y necesidades de las que habíamos sido testigos la semana anterior, y proponíamos las ayudas que teníamos que llevar la semana siguiente”.

Álvaro del Portillo, que estudiaba ingeniería, dedicaba varias horas de los fines de semana a realizar obras de misericordia con los pobres y necesitados de Madrid.

Recordaba Ángel Vegas, que participaba en esas reuniones de la calle de la Verónica la figura de Álvaro del Portillo: “me sorprendía porque era uno de los alumnos más brillantes de la Escuela y, al mismo tiempo, una persona muy tratable y sencilla; muy inteligente, alegre, culto, simpático, amable, y sobre todo -esto es lo que me llamaba la atención- profundamente humilde, de una humildad extraordinaria, que dejaba huella. (...) Una huella de cariño, de bondad, de Amor de Dios”.

 

 
Calle San Carlos hasta el Cristo del Olivar

Oratorio del Santo Cristo del OlivarDesde la calle Tres Peces, atravesando la calle del Ave María, el paseante llega hasta la calle San Carlos.

Cruza la calle de San Carlos la calle del Olivar. El paseante comienza a caminar cuesta arriba por esta calle. Su nombre proviene, según la tradición, del Cristo del Olivar, una imagen fue profanada en tiempos de Felipe II. El Rey ordenó que la Corte vistiese de luto por ese hecho, y que, además de restaurar la imagen, se hiciesen otros actos de desagravio.

En esta calle del Olivar san Josemaría atendió a varios enfermos en el verano de 1927.

En esta zona estuvo la antigua judería madrileña, hasta 1492. Como señala Mariano Sánchez de Palacios, el origen de este barrio es hebreo. “La judería madrileña tenía su núcleo de población en las cercanías de la sinagoga, que se alzaba en el solar donde hoy es refugio piadoso, la iglesia de San Lorenzo. Claro está que se trataba de judíos conversos, después de las severas medidas adoptadas por los Reyes Católicos”. Asegura este autor que la expresión actual de manolas y manolos, para designar a unos tipos populares tiene origen judío. “Manolos —explica Sánchez de Palacios— porque así los judíos conversos ponían de nombre a su primer hijo, Manuel”.

Torciendo a la izquierda, el paseante deja la calle del Olivar para caminar por la calle del Calvario, que también visitó san Josemaría en su ministerio sacerdotal, lo mismo que la calle Ministriles, a donde acudía a llevar los Sacramentos a enfermos.

Escribe Vázquez de Prada:

"Las vísperas de los primeros viernes de mes iba a oír confesiones y al día siguiente llevaba la Comunión a esos enfermos. El resto de las semanas hacía un recorrido eucarístico los jueves, en un coche prestado a doña Luz Casanova; los demás días utilizaba el tranvía o iba a pie. Muchos de los enfermos vivían en lugares apartados o de difícil localización.

Pero las distancias nunca fueron problema para don Josemaría, quien, sin hacerse de rogar, se trasladaba de uno a otro de los cuatro puntos cardinales de la capital. Don Josemaría —refiere Josefina Santos— «lo mismo llevaba la Comunión a los enfermos que vivían en Tetuán de las Victorias, que en los alrededores del Paseo de Extremadura, que en Magín Calvo, o en Vallecas, Lavapiés, San Millán, o por el barrio del Lucero o la Ribera del Manzanares»

«Entonces no había la costumbre —cuenta Josefina Santos— de que de las Parroquias se llevara al Señor, a no ser en casos de gravedad, y Luz Casanova pidió permiso al Obispado y se lo concedió; por eso, Don Josemaría llevaba la Comunión a todos los enfermos que lo pedían» (Josefina Santos, AGP, RHF, T-05255, p. 2).

«Salvos casos excepcionales —refiere Margarita Alvarado—, a los enfermos les llevaba la Sagrada Comunión los jueves, en un coche que prestaban a doña Luz Casanova. Los otros días iba en tranvía, o andando, como pudiera. A veces con mal tiempo, porque lo mismo se atendía a los enfermos en invierno que en verano» (Margarita Alvarado Coghem, AGP, RHF, T-04676, p. 1)."

 
Glorieta de Atocha

Glorieta de AtochaEsta Plaza, conocida popularmente como Glorieta de Atocha, está presidida por una reproducción de la Fuente de la Alcachofa, cuyo original se encuentra en el cercano Parque del Retiro.

En los años treinta eran célebres las Verbenas de San Juan y de San Pedro que se celebraban en este lugar. Los tranvías proseguían su marcha entre la algarabía de los tiovivos, que llenaban la Plaza y los alrededores del Ministerio de Fomento (hoy de Medio Ambiente).

En el centro de la Plaza había una entrada de Metro, con una gran farola. Y lo que es ahora entrada al paso subterráneo, en el cercano paseo de la Infanta Isabel, era un apacible bulevar con numerosos árboles.

Cuando la conoció el Fundador esta Plaza tenía un aspecto mucho más apacible que en la actualidad. Era similar al de la fotografia. En el centro, rodeada por una verja, se alzaba la estatua de Claudio Moyano obra de Agustín Querol. Transitaban por ella camiones, algunos coches y carros, pero el visitante contemplaba los mismos edificios que en la actualidad.

La Glorieta esta rodeada por notables edificios, como el Ministerio de Agricultura, antiguo Ministerio de Fomento. En su fachada, dos grandes cariátides simbolizan la Industria y el Comercio. El grupo escultórico que remata el frontón es obra de Agustín Querol. Simboliza la Gloria ofreciendo palmas y laureles al Arte y la Ciencia.

Desde este lugar, sin moverse de la acera de la Plaza del Emperador Carlos V, frente al Hotel Mediodía, se puede contemplar, a la derecha, el arranque del Paseo del Prado y de la Cuesta de Moyano, donde se alinean las casetas para la venta de libros antiguos. Se ve también, en la actualidad, entre los árboles, en el jardín contiguo al Ministerio de Medio Ambiente, la estatua de Claudio Moyano.

Atocha

San Josemaría, 1931: ¡Abba Pater! Una particular vivencia de la filiación divina en un tranvía

El 16 de octubre de 1931, el Fundador del Opus Dei, tras comprar un periódico en esta Glorieta de Atocha, tomó un tranvía de la línea 48 (se dirigía a la calle General Álvarez de Castro), en el que el Señor le concedió una particular vivencia de la filiación divina, que le llevó a exclamar, durante mucho tiempo, lleno de gozo: Abba Pater!

Ese sentido de la filiación divina está en la base del espíritu del Opus Dei y tendría amplia resonancia en la vida del fundador y en su mensaje espiritual.

Escribía en sus Apuntes:

Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí.

En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa.

 
Virgen de la Paloma

Virgen de la PalomaDesde la Glorieta de la Puerta de Toledo, subiendo por la calle Toledo se llega a la iglesia de la Virgen de la Paloma, uno de los núcleos de la devoción mariana de esta ciudad. Está en el nº 98 de la calle Toledo. Se accede al templo por un pasadizo que se abre a la izquierda.

En el templo se venera la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, conocida popularmente como Virgen de la Paloma. El templo actual se terminó en 1911, en estilo neomudéjar madrileño, con elementos neogóticos.

Cada 15 de agosto la tradición manda que los bomberos de Madrid descuelguen el cuadro con la imagen de la Virgen, que es llevada en procesión por las calles del barrio, donde recibe el culto y el cariño de los vecinos. El barrio entero se engalana y recupera sus tradiciones. Por unos días se vuelven a ver por las calles chulapas y chulapos con los atavíos castizos que popularizaron zarzuelas como La Verbena de la Paloma.

Subiendo un poco más arriba, siempre por la acera de la izquierda, por la calle Toledo el paseante se encuentra,con el arranque, a la derecha, de la calle de la Arganzuela. Este barrio recibe el nombre de la Arganzuela, según la tradición, porque así –Daganzuela— llamaban a Sancha, hija de un rico labrador natural de Daganzo, que era muy amiga de Isabel la Católica.

Escribía Josemaría Escrivá en sus Apuntes íntimos que había atendido espiritualmente a un enfermo en esta calle, encomendándole a la Virgen aquel alma.

Subiendo por la calle Toledo hacia la izquierda, se llega hasta la calle de Calatrava. Por esta calle se llega hasta la calle Mediodía Chica, donde san Josemaría también estuvo atendiendo a enfermos.

Desde Mediodía Chica, torciendo a la izquierda y saliendo por la calle Mediodía Grande, se llega a la calle del Águila, que conduce, por la derecha, a la calle Tabernillas, donde el Fundador estuvo atendiendo a una enferma en junio de 1927. La calle Tabernillas lleva hasta la Plaza del Humilladero, donde prosiguió san Josemaría su labor sacerdotal

Junto a la Plaza del Humilladero está la Plaza Puerta de Moros, desde las que se ven la iglesia de San Andrés y el palacio de los Condes de Paredes, conocido popularmente como “Casa de San Isidro”, donde se encuentra el Museo de San Isidro.

Una visita a este Museo proporciona un mayor conocimiento de la vida del Santo y de la ciudad de la que es Patrón.

 
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